Contabilidad

Treinta de diciembre cierre de mes, es tiempo de entregar los informes al jefe.

En los últimos años los ingresos han sido descomunales, superaron con creces cualquier expectativa o pronostico realizado. Como en cualquier otro negocio mayores ingresos generan lógicamente más trabajo, lo cual, significa ampliar la dotación de personal para poder abarcar sin problemas la demanda. Sin embargo, este lugar es especial, no solo no se aumentó el personal, sino que algunos debieron asumir nuevas responsabilidades. Por supuesto, nadie reclamo, aquí no existen los gremios y mucho menos un departamento de recursos humanos y en este lugar siempre se podría estar peor, literalmente.

Aníbal está encargado de anotar manualmente los ingresos, Caronte es incapaz de hacerlo así que el jefe decidió asignarle la tarea a mi buen amigo Aníbal, ambos llegamos juntos y probablemente no tuvimos tan mala suerte como otros. Por mi parte llevo los libros y entrego los informes, prácticamente trabajamos veinticuatro horas por día, dado principalmente a que el flujo de entrada es constante.

Hemos cumplido, Satán entró, miró el informe y sonrió, nuevamente se ha sobrepasado la meta, la entrada de almas este mes ha superado nuevamente a nuestra competencia directa.

El jefe está feliz y quizá pensando en traer a alguien para que nos ayude.



Fin.
"Por favor compártelo y comenta, mil y un gracias por leerme"
https://www.facebook.com/Mirson.Alejandro/

El Camino

Cuando Ignacio cruzó el umbral no se sintió asombrado, no esperaba ciertamente nada, por lo tanto, lo que estaba frente a él carecía de sentido.

El paso fue instantáneo, apenas cerró los ojos el mundo había cambiado.

Sus padres nunca le contaron historias de hadas, después de grande evito a toda costa dejarse invadir por las creencias de quienes lo rodeaban; Por esta razón y quizá, por la naturaleza propia de aquel a quien se le ha negado la fantasía, Ignacio simplemente racionalizó que estaba en estado de shock y que lo que se encontraba frente a él debía de ser un sueño o un estado de alucinación inducido por el accidente.

Pequeños recuerdos del pasado lo asolaban, el camino, la lluvia, la oscuridad y después un profundo silencio. Recordó a su familia y esbozo una sonrisa, los amaba es cierto, pero no los extrañaba, una extraña sensación de paz lo invadía. Había perdido la noción del tiempo, ya no sabía si había pasado un minuto o mil años esperando despertar.

No se había movido de su lugar desde que había abierto los ojos por primera vez y tampoco había sentido necesidad de hacerlo, después de un tiempo de observar a su alrededor, de contemplar el ancho y vasto espacio, notó, sin asombrarse, que carecía de cuerpo, tal vez, por esta razón pensó que no había sentido necesidades físicas, cansancio, hambre ni dolor.

Esperó, como quien espera mirando una pared, sabiendo que la pared no ha de cambiar. ¿Qué lo llevo a moverse?, seguramente es incomprensible, pero moverse significa aceptar y él aceptó.

Cuando se movió, no fue una, fueron miles de voces que le dieron la bienvenida y como en una danza, millones de formas etéreas aparecieron y desaparecieron e Ignacio dejó de ser uno para unirse al cosmos.

Fin. Tal vez...
"Compártelo y comenta, mil y un gracias"
https://www.facebook.com/Mirson.Alejandro/







El inmortal

Martín prepara la grasa en la que va a cocinar las papas fritas y de súbito un flash, una ceguera blanca, cierra los ojos y miles de imágenes se presentan, desconcertado, continua. Abre una bolsa de papas y tira el montón en el aceite hirviendo, José su compañero trae una comanda “Churrasco con papas fritas” la especialidad de la casa.
Martín va a la heladera, saca un trozo de carne, cierra los ojos y otro flash, esta vez más intenso más real, las imágenes comienzan a cobrar vida y él puede ver, sentir y hasta palpar una imagen del pasado. Entonces, abre los ojos y siente como un fuerte dolor de cabeza se ha apoderado de él, José regresa, trae una bandeja, mira a Martín que se apoya con una mano en la mesa y con la otra en la frente, con un claro gesto de dolor, José pregunta que le sucede, mientras le ayuda a sentarse y se pone a preparar la comanda.
Martín padece una terrible jaqueca, miles de flashes, imágenes, sensaciones, se van abriendo paso frente a él. Su mente se ve desbordada por este cúmulo de experiencias superpuestas.

Un tipo común

Miguel está sentado en un pequeño restaurant, quisiera encender un cigarrillo pero frente suyo hay un cartel que dice “prohibido fumar”, ahora lo han prohibido en casi todos los locales que frecuenta, le parece excelente, después de todo no es bueno para el cuerpo. Mira por la ventana y espera. Pidió permiso en el trabajo, un martes; ayer recibió el llamado de un hermano, hermano político, pero hermano al fin, no podía faltar, ya casi no recordaba la última vez que lo vio.

Espera, como esperan todos, que los rencores hayan quedado en el pasado, la última vez que lo vio tuvo que echarlo, literalmente echarlo de su hogar. Ahora tanto tiempo después parece cómico que se encuentren aquí. Aún no es la hora acordada, Miguel lo sabe y pide un café, le agrada el sabor, así como le agradaron tantas otras cosas de las cuales no siente culpa, ni se arrepiente, lo que le hace comprender en cierta medida el don y la belleza humana.

Puntual como no podía ser de otra manera, entra, así como entró Miguel, haciéndose notar de inmediato, no por su ropa, no por sus gestos, ni siquiera por el afán propio de llamar la atención que poseen los humanos, no, sus simples presencias eran llamativas. Miguel se levantó de inmediato y abrazó al hermano, este devolvió afectuosamente el saludo y lo acompañó en la mesa.

Hablaron durante un largo tiempo, tenían mucho que decir, pero para ambos el pasado no era el tema, sino el futuro.

Miguel al día siguiente abrió un viejo baúl, lo había guardado con la esperanza de nunca abrirlo, en él había un antiguo instrumento de viento, lo tomó y salió al patio de su casa. Fuera, miró a su perro, corto el collar de su cuello, murmuro algo en su oído y lo vio salir corriendo por el portón y perderse más allá en la calle.

Rompió su camisa y de su espalda brotaron largas alas blancas. Luego miró al cielo, derramando lágrimas comenzó a tocar…
A medida que las notas se abrían paso a paso en el aire el cielo se dividía, el suelo a sus pies comenzaba a temblar y al término de su canción, el apocalipsis...


Fin. Tal vez....
"Si te gusto,por favor compártelo, gracias por leer"

La otra historia

Orfeo miraba de reojo una vieja arpa arrumbada en la esquina de su habitación. Los últimos años ha sido incapaz de tocarla. No sabe o pretende no saber, si es que acaso volverá a tocar aquellas bellas melodías que conmovieron incluso a las rocas.

Él es consciente de que no toda la culpa es de Hades, después de todo es imposible hacer volver a alguien desde ese lugar, Orfeo lo sabe, sin embargo, quiso creer en sus palabras más allá de cualquier cosa.

Orfeo nunca volteó a mirar hacia atrás, no se dejó vencer por la tentación ni era tan inocente como para haber logrado tal travesía y rendirse al final. No, él salió del infierno solo, sin ella, sin nada más que esa maldita arpa.

Intentó el suicidio, pero ahora era inmortal, un chiste de los dioses, quienes incapaces de concebir la mortalidad ofrecieron este don al único que deseaba con el alma morir. Odio con todas sus fuerzas a los dioses por su destino, pero él sabe que no es la forma, que ellos no hicieron más que darle un atisbo de esperanza.

Ahora mientras observa la vieja arpa, lee y reflexiona sobre las historias que han inventado sobre él, ha querido creerlas para escapar de su realidad, pero se sabe cierto y atrapado, viste su mejor traje, y como uno más a las 7:40 se va a trabajar.





Fin. Tal vez....
"Por favor compártelo y comenta, mil y un gracias por leer"