Osito

Érase una vez un osito pequeñito y juguetón que vivía haciendo travesuras y riendo por monton,  disfrutaba haciendo de las suyas y ni un reto lo hacia cambiar de opinión.

Un día asusto a mamá osa saltando desde lo más alto de un árbol, de no ser por mamá osa que recibió todo el peso de osito, posiblemente no habría cuento y osito no hubiese salido ileso.

Otro día osito hizo comer a su hermano una picante crema de ají haciéndole creer que era salsa de tomate, su hermano se enojó tanto que juro no creerle nunca más.

Y así se lo pasaba osito, de travesura en travesura y de juego en juego.

Papá oso evitaba castigarlo y lo retaba solo cuando creia que la broma ha sido demasiado pesada. Sin embargo, debería haberlo retado más, porque un día, papá oso y osito fueron al bosque en busca de algo rico para comer, papá oso advirtió a osito que no se separara de su lado, puesto que el bosque era muy grande y podría perderse.
Pero osito no hizo caso, le parecía una buena idea esconderse de papá oso y después aparecerse de golpe. Cruzó el río, mientras papá oso se distrajo persiguiendo una presa, buscó un buen lugar y se escondió.

Papá oso que tenía el pelaje marrón, se puso blanco del susto al mirar hacia atrás y no ver a osito, empezó a olfatear hacia todas partes hasta que dio con el rastro de su hijo, salió corriendo tras la huella y llegó hasta el río. El agua no era profunda, pero osito podría haber sido llevado por la corriente, papá oso se imaginó lo peor y empezó a correr corriente abajo; con el tiempo él también se perdió.


Todavía papá Oso vaga buscando a Osito, es incapaz de volver a su casa solo sin su hijo. Osito por su parte da vueltas en un enorme circulo, ha aprendido la lección a duras penas, solo el destino sabe si algún día se encontraran…

Fin. Tal vez... 

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La tristeza

Supongo que aquel día estaba distraído y los guantes de lana no me ayudaron en la tarea, seguramente abrigaron mis manos, pero no servían para guardar dinero.

Papá esa noche busco en sus bolsillos los últimos cincuenta centavos que tenía y me los entrego para ir a comprar, lo que ese día seria nuestra cena, medio kilo de pan. Mamá me abrigo, me puso mi bufanda, mis guantes de lana negros y veloz cual liebre salí corriendo a toda velocidad.

Afuera nevaba, las calles estaban blancas y el sol ya se había escondido, la despensa quedaba solo a dos cuadras de casa y no demore en llegar.

Grande fue mi sorpresa al abrir la puerta del negocio mirar mis manos y verlas vacías. Volví mis pasos hacia atrás y busque, y busque en vano.

No había forma de encontrar la monedita. Regrese a casa y papá se enojó mucho conmigo, de un tirón me llevo a la calle y juntos buscamos en la nieve, bajo la oscuridad, por un buen rato sin encontrar nada. No pude comprender entonces la rabia de mi padre, volvimos y me mandó a acostar, mamá fue a taparme y ese día se fue...

Hoy cuando me bajé de la micro, caminando hacia mi casa, donde me espera mi hermosa mujer y mis bellas niñas, me pasó algo curioso y pude comprender, no era enojo o rabia, era tristeza. Encontré en la calle quinientos pesos, casi un kilo de pan y pensé “que triste debe ser no tener nada más”. Y espere por un buen rato, me quede parado esperando a que llegara algún niño a buscar su moneda, a que llegara aquel niño a redimirse con su padre...

Fin.
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23

Sé que has querido quedarte
pero no lo has hecho,
temeroso y herido
desangra este pecho.

Se ha quedado tu perfume
en toda mi casa,
has dejado tu esencia
y te has llevado mi alma

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La mente

Despertó temprano, miró el sol asomarse a lo lejos, abrió la puerta del balcón y respiro profundamente. El aire limpio recorrió sus venas y lleno de energía su alma para el resto del día. Hizo una serie de ejercicios, desde allí, miró a su cama y en ella aun dormía la mujer más bella. No quiso despertarla, bajo lentamente las escaleras; se bañó. Vistió su ropa preferida y fue a la cocina a calentar agua. Miró por la ventana el verde prado que crecía tranquilamente en rededor de su casa, más allá un vallado que lo separa de un tranquilo rio. Fue a la habitación de sus niñas y escuchó susurros, sonrió, ellas despertaron hace tiempo ya y crean historias imaginarias, sueñan y ríen.

Su mujer despertó, pronto todos desayunan juntos, hablan del tiempo, del espacio y de la nada. Cuando hubieron terminado una de las niñas va a jugar con una amiga, la otra se apega a su madre que está por salir, ambas se van. Era temprano y estaba solo, subió las escaleras, busco una vieja caja y saco un cuaderno, leyó lo que había escrito hace mucho tiempo atrás. Se sentó y continúo escribiendo, pensó en la historia de una persona sin límites, luego releyó y noto que su personaje después de todo era bastante común e incluso ordinario y parecido al resto, solo una diferencia lo apartaba de la humanidad, él sabía que era parte de un cuento.



Fin. Tal vez...


La bonne question

Abajo las sombras transitan constantemente, son sin duda organizadas, quien las mira no interfiere, piensa que el esfuerzo de las criaturas es fascinante. Las ve avanzar de a poco, lento, pero sin descanso, han hecho primero un puente, luego se embarcan en una colosal tarea. El observador se aburre y se va.



Regresa, las criaturitas están haciendo lo que parece ser un refugio después de mirarlas un tiempo comienza a distinguir pequeñas diferencias, todas trabajan, sin embargo, no todas hacen lo mismo, lo que en principio parecía ser la sociedad perfecta tampoco lo es. El niño razona, piensa que aun con diminuto tamaño, siempre habrá niños grandes, ¡que formidable!, dice en vos bajita, como para no asustarlas.



Las criaturitas están por terminar, no han usado herramientas, solo fuerza bruta, han llevado pesadas cargas, algunas increíbles para su peso. El pequeño se pregunta si él podrá hacer lo mismo, lo intenta, pero no lo consigue y se frustra. Mira el hormiguero, camina hacia el y lo patea. A lo lejos se escucha una voz femenina, es su madre que le dice que se aleje de las hormigas que lo pueden picar. Pero la advertencia llega tarde.

Las hormigas se han abalanzado sobre el niño y muerden cuanto pueden, atacan a este niño en nombre de todas las hormigas, no es suficiente, nunca será suficiente.

Otros niños llegaran, vendrán y patearan sus hormigueros, sin razón alguna, usaran lupas y las quemaran con la luz del sol. Otros vendrán, es cierto, pero también es cierto que las hormiguitas están reaccionando, algún día se cansaran y dejaran de trabajar, tendrán fuerza y seguirán organizadas, pero ahora, solo para la venganza.


Fin. Tal vez...

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