Persecución

De un tiempo hasta hoy, durante las noches he soñado que alguien me visita, rodeado por la oscuridad se presenta como un extraño, siento deseos de despertar y de no enfrentarme a él. No quiero escucharlo.



Ha transcurrido tranquilo este día, lleno de frivolidades, repleto de las cosas comunes que suelo hacer. Siempre me pregunto qué sucedería si todo esto desapareciera, todo lo que me sustenta y ya me tiene cansado.

Hoy han venido solamente tres personas, de todos modos, di la misa es mi deber claro está... No sé, sin duda soy yo el problema, soy el reflejo del que ha dejado de creer. Soy la viva imagen del que predica y practica por hábito, más que por una noción sincera de convicción. Como mantenerme firme, como evitar gesticular una mueca cuando leo algo en lo que no creo y me parece sacado de un cuento de hadas.

Otra vez he vuelto a soñar, temo mis noches como quien teme estar vivo. El que le teme a la vida no teme a la muerte, porque sabe que la muerte no es nada, es un paso al vació, es desconectar el enchufe y dejar muerto este aparato carnal. No, el que teme a la vida, teme salir a lo inesperado, a abrir los ojos cada mañana y darse cuenta que sigue en el mismo infierno todos y cada uno de sus días.

Como odio soñar, ha venido de nuevo esa figura y yo huyo como siempre mas no logro escapar, la figura se acrecienta, me envuelve, me ahoga, me asfixia.

Hoy ha entrado un anciano al confesionario, me ha dicho que todo está bien, que no me preocupe, que la sombra son mis dudas, pero, sobre todo, que lo perdone por dejarme solo tanto tiempo, quede atónito, pregunte de quien se trataba y me dijo que era él, que era dios.



Fin. Tal vez....
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