- ¿Realmente quieres recordar todo? –Pregunto Gustavo mientras daba vuelta la hoja a su libro-
- Claro, seria genial poder evocar cualquier recuerdo en cualquier momento. –Contestó Laura mirando por la ventana.
- No lo sé, si fuera necesario recordarlo todo, seguramente nuestro cerebro ya habría encontrado la manera.
-No lo creo, hasta este momento de la historia, nunca había existido tanta información y tanta exigencia… tanto como decirlo…
- ¿tantas materias en el colegio?
-Sí, además de eso -sonrió Laura.
Laura tenía quince años cuando le planteo esta idea a su tío y desde entonces, estuvo obsesionada con la idea de explotar al máximo la capacidad cerebral.
Ella ahora tiene treinta y dos años, hace tres años que se encuentra internada en el “Juan Bello”, institución mental, pabellón dos de psiquiatría, al fin después de tanto ensayo y error lo consiguió… El problema es que su único paciente de prueba siempre fue ella. Hoy recibe visitas:
- ¿Cómo estas hoy? -pregunta el tío Gustavo, con cara de tristeza y sin esperar respuesta porque sabe que las paredes no responden.
Ella no contesta, no puede o no quiere, siente, tal vez, que ha respondido 20.332 veces la misma pregunta y al tío Gustavo 827 veces.
La capacidad de percibir el presente como tal se anuló, las percepciones para ella son un cúmulo de percepciones y eternas repeticiones. Sí lo recuerda todo, cada sensación, cada mosca que se ha posado sobre el pan que no come, puede repetir un día y demorarse dos días enteros en describirlo, superponiendo continuamente el presente y el pasado.
Preferiría no recordar tanta banalidad.
- Claro, seria genial poder evocar cualquier recuerdo en cualquier momento. –Contestó Laura mirando por la ventana.
- No lo sé, si fuera necesario recordarlo todo, seguramente nuestro cerebro ya habría encontrado la manera.
-No lo creo, hasta este momento de la historia, nunca había existido tanta información y tanta exigencia… tanto como decirlo…
- ¿tantas materias en el colegio?
-Sí, además de eso -sonrió Laura.
Laura tenía quince años cuando le planteo esta idea a su tío y desde entonces, estuvo obsesionada con la idea de explotar al máximo la capacidad cerebral.
Ella ahora tiene treinta y dos años, hace tres años que se encuentra internada en el “Juan Bello”, institución mental, pabellón dos de psiquiatría, al fin después de tanto ensayo y error lo consiguió… El problema es que su único paciente de prueba siempre fue ella. Hoy recibe visitas:
- ¿Cómo estas hoy? -pregunta el tío Gustavo, con cara de tristeza y sin esperar respuesta porque sabe que las paredes no responden.
Ella no contesta, no puede o no quiere, siente, tal vez, que ha respondido 20.332 veces la misma pregunta y al tío Gustavo 827 veces.
La capacidad de percibir el presente como tal se anuló, las percepciones para ella son un cúmulo de percepciones y eternas repeticiones. Sí lo recuerda todo, cada sensación, cada mosca que se ha posado sobre el pan que no come, puede repetir un día y demorarse dos días enteros en describirlo, superponiendo continuamente el presente y el pasado.
Preferiría no recordar tanta banalidad.


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